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Llámame radical.

Escrito por Samu Parra — Consultor de marca, copywriter
y amante de la fina ironía. Recibe mis artículos por email →

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Ir al límite es algo que asusta a muchas marcas, porque puede generar controversia. 

Sin embargo, cuando va acompañada de una idea potente, esa radicalidad puede ser algo bueno. Incluso algo necesario.

Te pongo un ejemplo.

Everlane es una marca de ropa que lo está petando mucho. Forma parte de una hornada de marcas nativas digitales que está dando mucho que hablar (Allbirds, Outdoor Voices, Glossier…).

En mi otra newsletter hemos hablado de ellas y de sus estrategias en más de una ocasión.

Lo que más destaca de Everlane es su apuesta por la transparencia. Hasta el punto que su slogan es literalmente “radical transparency”.

La marca lo muestra todo sin complejos: lo que paga por la materia prima, el control sobre las condiciones laborales de las fábricas, el margen que ganan con cada venta…

¿En qué pensabas cuando has leído la palabra “transparencia”? ¿En modelos enseñando carne? I’m sorry. ;)

Bromas aparte, ¿por qué es relevante este posicionamiento de marca?

Tradicionalmente las marcas de ropa han sido muy opacas con lo que respecta a la producción y la mano de obra que elabora sus prendas.

De hecho, la mayoría de consumidores simplemente mira hacia otro lado. No les importa demasiado de dónde viene el pantalón que acaban de comprar. Mientras puedan ir a la moda y comprar a buen precio, todo OK. 

Tampoco se tiene en cuenta que el coste de producción es pequeñísimo, en comparación con el precio de venta final.

Pero hay otro tipo de consumidor concienciado con este tipo de temas y que además valora la calidad del producto.

Ahí es donde Everlane ha encontrado su hueco.

El gran aprendizaje de todo esto es que el slogan “transparencia radical” no es solo una declaración de intenciones, sino una forma de hacer las cosas totalmente transversal que impregna todas las áreas del negocio.

Es como la brújula que orienta todas sus decisiones.

Esto confirma mi opinión de que cualquier posicionamiento tiene que llevarse un poco al extremo para que realmente funcione.

Siempre tiene que haber un punto de radicalidad para que ese posicionamiento llegue al cliente y resulte creíble. 

Este podría ser uno de los principales errores de las marcas. 

La “brand idea” puede ser estratégicamente redonda, pero la ejecución a menudo se queda a medias. Esto es un problema, porque si la marca no lleva esa idea hasta las últimas consecuencias, esta idea queda diluida y nunca llega de forma clara al cliente potencial.

Llámame radical.

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Este soy yo.

Me llamo Samu Parra. Soy consultor de marca, copywriter y amante de la fina ironía. Ayudo a marcas como la tuya a jugar con ventaja.

Empecé a vivir de la creatividad en el año 2001 y no he parado desde entonces.

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samu parra

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