No es país para amateurs.

SAMU PARRA
Consultor de marca, copywriter y amante de la fina ironía

La historia que vas a leer no está basada en hechos reales. Es más, no tiene ningún rigor científico, así que si hay algún historiador en la sala, espero que no me lo tenga en cuenta. :)

Hace unos 20.000 años (año arriba año abajo) el ser humano era nómada. Las tribus iban de aquí para allá y se establecían en aquellos lugares donde era fácil conseguir comida.

Cuando el clan llegaba a un nuevo territorio, todo era para ellos. Árboles a rebosar de deliciosos frutos, manadas de inocentes animalitos esperando ser cazados… ¡Eso sí que era vida!

Después de estar un tiempo en un asentamiento, lo normal era que la comida empezase a escasear. Así que cogían de nuevo sus bártulos y se trasladaban a una zona más próspera.

Así funcionó durante años.

Se instalaban.

Arrasaban.

Se trasladaban.

Y vuelta a empezar.

Hasta que un día todo cambió

Al llegar a una nueva zona, resulta que ya no eran los primeros en llegar.

Había otras tribus. Otros cazadores que utilizaban herramientas y técnicas de caza más sofisticadas. Otros exploradores que conocían mejor el terreno y sabían dónde encontrar los mejores frutos.

A medida que el ser humano iba aprendiendo nuevas técnicas, el mundo se iba volviendo más feroz. Los recursos eran cada vez más escasos y las presas eran cada vez más listas.

Ya no había sitio para los aficionados.

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¿En qué momento de la historia nos encontramos?

Ahora mismo, si quieres crear un negocio, no puedes hacerlo con palos y piedras. Básicamente porque hay negocios utilizando rifles automáticos con mira telescópica.

El mundo online está hiperprofesionalizado.

Verás, en marketing hay algo llamado “barreras de entrada”.

Las barreras de entrada son aquellos obstáculos a los que te enfrentas cuando tratas de entrar en un nuevo mercado.

La tecnología ha hecho que el listón para entrar en el mundo digital sea muy bajo:

  • Hostings a precios realmente asequibles.
  • Acceso a muchísima información (guías, tutoriales, ebooks, cursos…) sobre cualquier área de tu negocio.
  • Herramientas para hacer cualquier cosa gratis o a precios de risa. ¿Te suena WordPress?
  • Profesionales especializados capaces de ayudarte en cualquier tarea que tú no domines.
  • Plataformas para darte a conocer sin necesidad de grandes presupuestos (AdWords, Facebook Ads, Outbrain…).

Todo esto suena muy bonito, pero en realidad las barreras de entrada son más altas de lo que parece. No es que quiera quitarte las ganas de lanzar tu propio proyecto, pero me veo en la obligación de explicarte lo que te vas a encontrar.

El listón para mantenerse y competir cada vez es más alto. Porque la competencia es también más numerosa y hace las cosas cada vez mejor:

  • Optimizan el tiempo
  • Son más productivos
  • Eligen bien sus herramientas
  • Saben la diferencia entre lo importante y lo urgente

Si te fijas, no estoy hablando de branding ni de copywriting. Estoy hablando de llevar un negocio.

Lo primero lo tengo más o menos dominado. :)

Lo segundo es nuevo para mí. Y quiero contarte algunas de las cosas que he aprendido en el último año y medio.

En algunos casos todavía me queda mucho por aprender, pero poco a poco vamos mejorando.

Mis 6 claves para ser más competitivo

En mi caso, lo que he hecho es imponerme estas 6 normas e intentar cumplirlas a rajatabla.

1/ Simplificar

Quiero que mis procesos sean simples. Ojo, simple no es lo mismo que incompleto. Reducir algo a la mínima expresión y conseguir que siga funcionando es todo un arte. Y si no, que se lo digan a Edward DeBono, que escribió un libro entero sobre eso.

Cuantos menos pasos requiera hacer una determinada acción, mucho mejor para ti y para todos. Me refiero a procesos como:

  • Tu manera de trabajar
  • La relación con tus clientes
  • La navegación de tu web
  • …

Un proceso simple es más fácil de controlar, medir y mejorar.

2/ Medir solo lo que importa

Esto es una consecuencia del punto anterior: cuantas más tareas incluyan tus procesos, mayor será la tentación de medirlo todo.

En mi opinión, las métricas que importan se pueden contar con los dedos de una mano. Si en algún momento ves que no cumples alguno de tus objetivos, entonces es cuando debes mirar en detalle los números más concretos para descubrir dónde está el problema.

Ah, y no hace falta que mires los números cada día… Márcate plazos razonables.

Sé que al principio hace mucha ilusión ver cuánta gente te visita y de dónde vienen esas visitas, pero hacerlo continuamente es una pérdida de tiempo.

¿Qué conclusiones puedes sacar de un día para otro?

¿Vale la pena tomar decisiones en base a lo que ha pasado en una semana?

Me refiero a los objetivos a largo plazo, claro está. Luego hay acciones o campañas puntuales en las que hay que estar más encima.

3/ Herramientas las justas

¿Recuerdas lo que hemos dicho antes sobre las barreras de entrada? Hay miles de herramientas a tu disposición para hacer cualquier cosa.

A simple vista eso parece algo bueno, pero rápidamente se convierte en un problema porque empiezas a utilizar herramientas que en realidad no necesitas.

¿Cuál es el número ideal? Pues depende. Unos pueden necesitar 20 herramientas y otros con 5 tendrán suficiente.

Lo importante es establecer un criterio de selección. Estas son algunas de las premisas que tengo en cuenta cuando me entran ganas de probar un nuevo juguete tecnológico:

  • ¿Me ayudará a alcanzar mis objetivos de negocio?
  • ¿Mejorará mi vida o la de mis clientes?
  • ¿La inversión compensa en términos de tiempo o dinero?
  • ¿Mejorará la calidad de mi trabajo?

Por ponerte un ejemplo: he dejado de utilizar herramientas de seguimiento de redes sociales. ¿Para qué las necesito si las redes sociales no son un pilar básico de mi estrategia? Además, muchas veces la red social ya tiene su propia herramienta de análisis. Cuando necesito un dato, voy y lo miro. No necesito recibir informes cada día.

Hay herramientas para todo. Pero eso no significa que tengas que utilizar herramientas para todo.

4/ Automatizar todo lo que pueda

Hay que aprovecharse de la tecnología. Sobre todo de esa tecnología que solo hay que configurar una vez.

Mi último gran “descubrimiento” ha sido Gmail. Hasta hace poco tenía todas mis cuentas de correo por separado, pero el tema empezaba a ser un descontrol. De modo que he configurado todas mis cuentas en Gmail para tenerlo todo en una misma bandeja de entrada.

Y no solo eso, también he creado un sistema de filtros para que me organice de forma automática los correos que van llegando.

5/ Delegar, delegar y delegar

Lo repito tres veces porque es lo que más me cuesta. Tengo mucho que mejorar en este sentido, pero voy haciendo avances.

Si te paras a pensar, hay cosas que te cuestan más dinero si las haces tú. Ese tiempo que dedicas a una tarea administrativa, por ejemplo, es tiempo que no estás dedicando a tareas que tienen impacto en tu negocio.

A veces piensas: “Entre que le explico a esa persona lo que tiene que hacer, lo hace y lo reviso, me sale más a cuenta hacerlo yo.”

Error.

Te sale más a cuenta hoy. Pero… ¿y mañana? ¿Y la semana que viene?

Cuanto antes delegues esa tarea, antes podrás olvidarte de ella y dedicarte a cosas más importantes.

Luego están aquellos trabajos mecánicos o repetitivos que forman parte de tus productos o servicios, pero que no condicionan el resultado final. Ahí también hay que delegar. Ya sea asignándole la tarea a un miembro de tu equipo o contando con colaboradores externos.

Te pongo un ejemplo.

Cada vez que diseño una web tengo que:

  • Instalar y configurar WordPress
  • Instalar y configurar los plugins básicos (y no tan básicos)

No es complicado, pero entre una cosa y otra te puedes estar un buen rato…

El caso es que el resultado va a ser el mismo tanto si lo hago yo como si lo hace otra persona, así que puestos a elegir es mejor que lo haga otra persona. Así yo puedo dedicarme a lo que me gusta y a aquello por lo que me contratan mis clientes.

Hay incluso un tercer nivel: aquellas habilidades específicas que no te sale a cuenta aprender, aunque sean claves para tu supervivencia. A estas alturas no me sale a cuenta aprender contabilidad y normativa fiscal, no sé si me entiendes… Prefiero que lo haga un especialista.

6/ Formación sí, pero de la buena

Estar actualizado es imprescindible, pero no dejes que cualquiera te actualice.

Elige bien a tus maestros. Acércate a profesionales con los que te sientas cómodo y cuya forma de entender los negocios esté alineada con la tuya.

Lo mismo ocurre con las fuentes de información. Quédate con aquellas que realmente te ayuden a ampliar tu visión y mejorar como profesional.

Hay demasiado contenido ahí fuera y es imposible asimilarlo todo.

Me lo decía el otro día una suscriptora con toda la razón del mundo: “Si solo leyera, ¿cuándo podría ponerme a practicar?”

En conclusión…

Durante un tiempo te las podrás apañar con palos y piedras, pero tarde o temprano tendrás que invertir en nuevas armas, abandonar los hábitos más tóxicos y rodearte de compañeros de viaje que te hagan más competitivo.

Imagen: StockSnap.io

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11 comentarios en «No es país para amateurs.»

  1. Me gustó, lo veo práctico y por cierto: ¡Muy Cierto!. Le agregaría «Sencillo no es facil….es comprendible». En la medida que comprendemos,entendemos: Aprendemos…y si aprendemos podemos conocer «el terreno que pisamos» y tomar decisiones, como lo que tu dices aqui en este post: ¡Invierto o no invierto en esto o en aquello!.
    Gracias Samu Parra

  2. Muchas gracias Samu, justamente me he propuesto este mes el simplificar al máximo las tareas y crear protocolos para ello. Creo que voy por buen camino, cruzaré los dedos.
    Gracias.

    • Claro que sí, Ana!
      Hay que ganar tiempo como sea, para poder dedicarnos a las cosas que de verdad importan. :)

      Un saludo!

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