En tu logotipo.
En los textos de tu web.
En los posts de tu blog.
En tu tarjeta de visita.
En las fichas de producto de tu tienda online.
En los emails que envías a tus clientes.
En la cabecera de tus newsletters.
En tus tuits.
En los colores que eliges.
En el packaging de tu producto.
En las palabras que utilizas.
En tu perfil de Instagram.
En los libros que lees.
En la portada de tus catálogos.
En la contraportada de tus catálogos.
En los contenidos que compartes.
En los comentarios que dejas en otros blogs.
En lo que dices de tu competencia.
En las imágenes que utilizas.
En la firma de tus emails.
En las cosas que regalas.
En las herramientas que usas.
En tu página “sobre mí”.
En los botones de tu web.
En los muebles de tu oficina.
En tus campañas de AdWords.
En las tipografías que combinas.
En los profesionales que contratas.
En los profesionales que no contratas.
En las personas que te recomiendan.
En las personas que admiras.
En los eventos a los que acudes.
En las cosas que aprendes.
En los errores que cometes.
En las críticas que recibes.
En los conocimientos que compartes.
En las promesas que cumples.
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Tu marca es una actitud.
Constrúyela cada día.

Bravo.
Gracias! :)
Mi profesora de relaciones públicas de la universidad decía siempre: ‘Todo comunica’.
Tu profesora tenía razón. :P
Jeje Lo sé ;)
Todos se encadenan y se relacionan con la marca.